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Identificación: 29422
Creado: 2003-05-12 15:33
Modificado: 2006-11-14 13:26
Refreshed: 2010-08-27 21:09

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Manejo del agua en las montañas de los Andes ecuatorianos
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Manejo del agua en las montañas de los Andes ecuatorianos
El Ángel páramo en la provincia Carchi de Ecuador. (Fotografía cortesía de UBC)

En los países de los Andes septentrionales se encuentra un ecosistema único que comienza a 5,000 m al borde de los glaciares que cubren las montañas y se extiende montaña abajo por unos 3,600 m. No hay árboles en esos altiplanos conocidos con el nombre de páramo. Plantas y arbustos salpican el paisaje, muchas de ellas endémicas de la región, adaptadas únicamente a las frías temperaturas de la noche y altos niveles de luz ultravioleta. Lo más inusual del páramo, sin embargo, es su suelo de tierra negra, turbera, de origen volcánico, que funciona como esponja absorbiendo y reteniendo la humedad del agua de lluvia, de la bruma y de deshielos glaciales, soltándola lentamente.

Los canales de riego traen agua desde el páramo hasta las poblaciones que viven abajo, práctica que no ha cambiado desde hace siglos. Virtualmente todos los sistemas de agua en los Andes septentrionales usan el páramo como fuente y regulador del agua. Y sin embargo, quizás por tratarse de una ubicación remota, el páramo es uno de los ecosistemas menos entendidos de la región. Sólo por el hecho de que las fuentes de agua de los países andinos siguen secándose es que la atención empieza a volcarse hacia esa fuente de abastecimiento de agua a gran altura.

En la provincia Carchi de Ecuador donde hay un páramo de unas 45,000 hectáreas son comunes los conflictos que surgen por el agua --como también es común el robo de agua. Los camposinos, amparados por la oscuridad de la noche, bombean agua ilegalmente de los canales protegidos para poder regar los campos cultivados. Un gobierno municipal estaba desviando agua hacia sus cisternas para satisfacer la demanda de agua de su creciente población. Cuando el agua llega a los campesinos que viven en las partes más bajas, los más pobres, el caudal se ha reducido apenas a un hilillo. Muchos campesinos no tienen otra opción que abandonar a región y pasan a engrosar las filas de los "migrantes sedientos". En todas las otras partes de la cuenca, los desacuerdos sobre el agua han culminado en violencia.

La respuesta a la escasez de agua y a los conflictos que causa es obtener más agua del páramo.

La búsqueda de soluciones alternativas

Pero el páramo es un ecosistema delicado. Una vez que el suelo se seca se pone hidrofóbico, es decir, repele el agua en lugar de absorberla, provocando un flujo incontrolado de agua monte abajo. Además, los suelos del páramo almacenan más carbono que los bosques húmedos. Si se dañara seriamente la estructura del suelo, este carbono empezaría a descomponerse y a salir a la atmósfera en grandes cantidades.

Debido a eso se realizó un esfuerzo concertado en la cuenca del río El Ángel en la provincia de Carchi para encontrar maneras alternativas de resolver los problemas de escasez de agua. Estos esfuerzos han sido producto en su mayor parte de un equipo de investigación que trabaja en un proyecto conocido como Manrecur, que cuenta con el apoyo del Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo (IDRC) y otros donantes.

"En lugar de destruir el páramo tratando de construir represas", señala Susan Poats, investigadora principal de Manrecur, "lo que sugerimos es trabajar en el aspecto social y organizativo del agua. Usemos el agua de manera más eficiente y encaremos el hecho de que la gente que vive en la parte de arriba de la cuenca está robándoles agua a los que viven abajo".

Y es en este contexto que la información que ha generado el equipo de investigación ha ayudado a crear una reacción en cadena que ha llevado a la resolución de un conflicto por el agua entre dos municipios; sentando las bases para un nuevo enfoque a la asignación de agua en la región; un creciente movimiento popular entre la población local destinado a proteger el páramo; interés renovado en mejorar la infraestructura de riego; y un pequeño pero significativo cambio en la dinámica del poder enraizado en la región.

En suma, Manrecur se propone definir un conjunto de soluciones que pueden llevar a resolver, cumulativamente, los problemas de manejo de la cuenca, sin arriesgar que el páramo se dañe irrevocablemente.

La cuenca de El Ángel

La cuenca del río El Ángel, al norte de Ecuador, se extiende por unas 100,000 hectáreas que albergan alrededor de 25,000 habitantes. El agua del río proviene de un páramo en la reserva ecológica fronteriza a Colombia. La cuenca está compuesta por tres zonas ecológicas distintivas: la zona alta (de 3,100 m a 4,100 m), la zona media (de 2,400 m a 3,100 m), y la zona baja (de 1,500 m a 2,400 m).

En la zona alta donde el suelo es más rico y la temperatura es húmeda y fría se encuentran las haciendas más grandes y las casonas de los hacendados, junto con granjas de menor tamaño. En esta zona se cultiva la papa y se cría ganado. En la zona media, que es semihúmeda, con temperaturas moderadas, granjeros menos ricos cultivan maíz y otros granos. También hay floricultores en esta zona. En la región más baja semiárida, seca, se encuentran los campesinos más pobres que plantan cultivos tropicales que requieren el mínimo posible de riego.

Hay tres municipios en la cuenca de El Ángel, ninguno de las cuales tiene todo su territorio al interior de la cuenca --Espejo en la zona más alta, Bolivar en la margen izquierda y Mira en la margen derecha. El agua llega a los tres municipios por medio de una red de riego compuesta por cientos de kilómetros de canales. Estos canales, muchos de los cuales tienen más de 100 años, están manejados básicamente por asociaciones de usuarios de agua. El agua se asigna a los usuarios en términos de concesiones de agua establecidas por el Estado. Las solicitudes por nuevas concesiones o cambios se hacen a un juez local a cargo de la materia, empleado del gobierno nacional.

Descubriendo problemas escondidos

La premisa de base del equipo de investigación fue la necesidad de contar con un panorama claro y preciso del funcionamiento de la vida en la cuenca. El grupo estimaba que sin contar con estos datos básicos de referencia les sería difícil visualizar las maneras de abordar los problemas que, en última instancia, estaban obstaculizando el desarrollo. Con esta idea en mente, tomaron la cuenca como su unidad de análisis y recopilaron datos sobre los atributos geográficos, ambientales, sociales y productivos de la región. Su objeto de estudio no fue solamente el pobre, sino también el rico, el ciudadano urbano y el poderoso. Entrevistaron a campesinos de pequeña y mediana escala pero también a los hacendados, dueños de negocios y a empleados del gobierno que trabajaban en la región.

Una vez recopilada la información, el equipo de investigación estudió cuidadosamente el cauce para ver por qué el agua no llegaba a la parte de abajo con la velocidad/volumen que debiera. "En la comunidad de Yascon, por ejemplo, deberían haber tenido 55 litros por segundos pero el promedio era sólo de 15 litros por segundo. Y a veces pasaban semanas en que simplemente no llegaba una gota de agua", señala Poats.

Los investigadores de Manrecur estudiaron las concesiones del agua y descubrieron, por ejemplo que de las 233 concesiones otorgadas en la cuenca, había una minoría privilegiada (casi un 4%) que tenía concesiones por grandes volúmenes de agua, equivalentes a más de 100 litros por segundo. Además, había nueve personas que tenían concesiones muy grandes, equivalentes a 1,200 litros por segundo, o incluso más. Esta situación contrastaba con la vasta mayoría de concesiones (60%), que asignaban volúmenes significativamente más bajos, de 0.02 a 10 litros por segundo.

"La teoría convencional [entre los hacendados de la zona alta] era que los que vivían en la parte alta no tenían acceso a tanta agua como los que vivían en la parte de abajo, por lo tanto se justificaba robar agua". Sin embargo, ocho o nueve personas que tienen concesiones de grandes volúmenes de agua viven en la parte de arriba y, como dice Poats, la teoría convencional empieza a cambiar entre los campesinos.

Los investigadores también examinaron el cauce del agua a través de los canales y encontraron pérdidas muy significativas en la conducción y transporte del agua. Pero uno de los descubrimientos más importantes fue que los datos oficiales del volumen de agua que pasa por la cuenca no correspondían a la realidad actual.

Acción basada en nuevos datos

Aunque los datos oficiales revelaban que el suministro total de agua era más que suficiente para satisfacer la demanda total, los investigadores de Manrecur descubrieron que en realidad había un déficit. Esta información fue reveladora para Pedro Loyo, juez del agua.

"Según los datos oficiales, el volumen es de 230 litros y esa es la cantidad que ha sido adjudicada. Los datos de los estudios de Manrecur, sin embargo, revelan que el área de riego recibe sólo cerca del 50% de esta cantidad". El Sr. Loyo usó esta información para congelar adjudicaciones de nuevas concesiones. "De no ser así, sería lo mismo que dar un cheque sin fondos, explicó. "No quiero engañar a la gente".

La decisión tuvo repercusiones.

Del conflicto entre municipios a la colaboración

Espejo, municipio de gobierno, había estado desviando ilegalmente más agua a su cisterna de la que le correspondía para poder satisfacer las necesidades de una población en aumento. Aunque se trataba de un robo, el gobierno no lo consideraba serio. En palabras de Poats: "Todos los que robaban agua del canal decían, ‘pero si estoy sacando apenas un poquito. Queda mucho agua todavía’".

Sin embargo, como el gobierno no podía hacer avanzar los proyectos de desarrollo de agua potable planificados sin tener título legal de un volumen cada vez mayor de agua, funcionarios de gobierno entablaron un diálogo con el municipio de la zona baja y llegaron a un acuerdo por medio del cual el municipio en cuestión tendría acceso a más agua. Como resultado, los dos gobiernos municipales acordaron unir fuerzas para abordar los problemas de robo en otros lugares de la cuenca y trabajar juntos para resolver problemas relacionados con el suministro de agua. Juntos empezaron a desarrollar planes para rehabilitar una cisterna antigua construida en la década de los 60 en el municipio de Bolívar. Los dos municipios trabajaron juntos en el desarrollo de una propuesta y obtuvieron fondos de un donante internacional para cubrir los gastos del contratista local (contratado por medio de licitación pública) para que realizara el trabajo. El objetivo es acumular agua en el embalse durante la estación de lluvias y usarla en el verano, que es la época de mayor escasez. También acumularían un poco de agua durante la noche para usarla al día siguiente. El municipio de Espejo aporta al proyecto una contribución en especie equivalente a $10,000.

El Consorcio Carchi

La oportunidad de entablar el diálogo entre los gobiernos municipales surgió en un foro mensual conocido como Consorcio Carchi. "Usamos el Consorcio como un espacio", explica Poats. "No se trataba de traer el conflicto al Consorcio [como diciendo], y ahora vamos a hablar sobre el conflicto. No, más bien se trataba de empezar a insinuar el tema". De hecho, las conversaciones entre los representantes de los municipios se dieron a la hora del café en la reunión del Consorcio.

El Consorcio realmente es uno de los pocos espacios que reúne a gente de todas partes de la cuenca. En sus inicios, en 1994, asistían principalmente al Consorcio investigadores, representantes de gobierno y trabajadores del área de desarrollo que se juntaban para hablar de su trabajo y del modo de coordinarlo, pero después atrajo la entusiasta participación de la comunidad y ahora tiene una oficina con personal local en la ciudad de El Ángel. Por lo menos 50 personas asisten a cada reunión, aunque de mes a mes varía el tipo de participante, encontrándose entre los asistentes campesinos, estudiantes, profesores, dueños de negocios, miembros de Juntas de aguas y grupos de mujeres. Se abordan todos los temas en las reuniones pero el foco son los recursos naturales.

"Mucha gente viene, no sé si por adicción a las reuniones, pero es un foro", señala Poats. "No hay muchos lugares o eventos en Carchi donde se traten asuntos de recursos naturales. No hay un espacio donde aprender y eso es lo que atrae la gente, vienen porque desean saber más. Otros vienen por costumbre, simplemente ha pasado a formar parte de su rutina", del mismo modo como la oficina local del Consorcio ha pasado a ser parte de la comunidad, participando en toda la gama de eventos, desde celebraciones hasta funerales.

La gente y el páramo

Como resultado de las reuniones del Consorcio, la gente ha comenzado a ver la cuenca en términos de un sistema interconectado del cual todos dependen. "Antes, hace años, la mayoría de la gente no sabía lo que era una cuenca" explica Paul Arellano, investigador que trabaja con Manrecur.

Específicamente en el páramo, cada vez hay un mayor nivel de conciencia al respecto. "No nos cansamos de repetirlo ... prácticamente hasta el cansancio", explica Poats "Y hemos tenido muchas reuniones diferentes centradas en diferentes aspectos del páramo", agregando que se ha desarrollado un plan de manejo del páramo con las partes interesadas, las que a su vez se han convertido en potentes voceros.

"En el pasado la gente no hablaba del páramo. Ahora, no importa adónde vaya uno, al hablar con la gente de las juntas de aguas se advierte que están mucho más conscientes del tema y este mayor nivel de conciencia lleva a la decisión de hacer algo".

Poats agrega que este mayor nivel de conciencia ha alcanzado hasta los hacendados y uno o dos de ellos ya han dado su apoyo al proyecto.

Una manera de seguir adelante

En su papel de alcalde del municipio de Espejo, Renan Flores lo expresó de la siguiente manera: "La investigación de Manrecur ha ayudado a orientar nuestro pensamiento como comunidad y a concentrarnos en invertir en la ‘esponja de agua’ [el páramo]".

"Ahora estamos viviendo en una crisis mundial [con respecto a los recursos hídricos]. Si no invertimos en proteger y cuidar nuestros recursos hídricos, lo más probable es que de aquí a cinco años no tengamos nada", agregó.

Se han evidenciado avances en la cuenca hacia el mejoramiento de la infraestructura del agua. En palabras del Sr. Loyo, juez del agua, "He usado la información procedente de Manrecur y mi propia comprensión del tema como ingeniero civil. Trabajando juntos en el proyecto veremos lo que podemos hacer para rehabilitar la región, para mejorar los canales y los embalses".

Además, el municipio de Mira ha obtenido financiamiento para llevar a cabo un estudio de factibilidad para construir otro embalse justo bajo el páramo. La idea a largo plazo, explica Poats, sería construir un canal que conecte los dos embalses.

En colaboración con una organización no gubernamental y con el apoyo de varios donantes, el equipo de investigación de Manrecur está instalando una estación de investigación del páramo en la parte de arriba, que será la primera estación de monitoreo climático en Ecuador. También se ha iniciado un proyecto piloto destinado a desarrollar un enfoque comunitario que se pueda usar para el manejo integral de todo el páramo.

Lo que Manrecur espera, en última instancia, es que la solución de los problemas en la cuenca ayude a mejorar, en forma fundamental, la vida de la gente. "Es cierto que analizamos el problema del agua", afirma Poats, "pero lo analizamos en términos de toda la cuenca: por qué no se desarrolla esta cuenta y por qué sus moradores son pobres. Es nuestro fin aliviar la pobreza o encontrar una forma de eliminarla creando nuevas plataformas desde las cuales la gente puede funcionar. Esas son las interrogantes que nos mueven".

Lisa Waldick es editora de IDRC Reports.


Por mayor información:

Simon Carter, jefe de equipo, Minga (Gestión de Recursos Naturales en América Latina y el Caribe), IDRC, Casilla Postal 8500, Ottawa, Ontario, Canadá K1G 3H9; Teléfono: (613) 236-6163 ext. 2562; Fax: (613) 567-7749; Correo Electrónico: scarter@idrc.ca




Lisa Waldick

2003-03-21

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