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"El optimista proclama que vivimos en el mejor de los mundos posibles; y el pesimista teme que esto sea verdad." IntroducciónHace casi treinta años, se publicó "Catástrofe o Nueva Sociedad. El modelo mundial latinoamericano". Representó tanto una respuesta al diagnóstico y propuesta encarnado por World III, el primer modelo mundial auspiciado por el Club de Roma (Meadows et al. 1972), como una nueva propuesta para el sistema global. Hasta la fecha es el único modelo global elaborado en el Sur. El presente artículo es una reflexión personal por parte de uno de los autores del Modelo Mundial Latinoamericano (MMLA) sobre lo que significó (y lo que todavía puede significar) en el contexto del debate acerca de los límites y el tema más general del futuro (o los futuros) del sistema mundial. El debate globalLas décadas del ′60 y ′70 fueron testigos del debate sobre la problemática ambiental, recientemente descubierta, y la necesidad de un nuevo orden mundial internacional (ver por ejemplo Dag Hammarskjöld Foundation 1975; Nerfin 1977; United Nations 1972). Fue un período rico, que generó estudios audaces, creativos, desafiantes y abarcativos sobre el futuro del planeta. A pesar de sus diferencias, aquellos estudios compartieron perspectivas globales de largo plazo. Se basaron también en la esperanza y expectativa que los modelos y otros estudios podían hacer un aporte a la solución de los problemas de la humanidad. Estos estudios plantearon los dos problemas globales más candentes de los años ′70: primero, la necesidad sentida de un nuevo orden económico internacional para cambiar las relaciones Norte-Sur, reducir la brecha entre los países ricos y pobres; y segundo, lo que se había llegado a conocer como "la problemática global", por lo que se entendía el problema que englobaba el agotamiento de los recursos no renovables, el deterioro ambiental, la superpoblación y la contaminación que amenazaban la supervivencia humana (Steenbergen 1994). En este contexto, la construcción y lanzamiento del modelo World III, detallado en "Los Límites al Crecimiento" (Meadows et al. 1972) en el debate público fue una iniciativa audaz y pionera. Tal vez el impacto individual más importante y positivo de aquel modelo haya sido la aplicación del enfoque sistémico para abordar la problemática global, con un esfuerzo explícito de tomar en cuenta los encadenamientos múltiples y las no linearidades. El hecho de que el modelo haya sido un tanto crudo y apoyado en una interpretación y base empírica discutibles, y el hecho de que, hasta cierto punto, tuviera una estructura de profecía autocumplida basada en el crecimiento exponencial de las variables clave, no desmerece su importancia en este sentido. Sin embargo, World III, tal como cualquier modelo global, encarnaba una cierta cosmovisión. Entiendo por "cosmovisión", en este contexto, el conjunto de creencias y premisas teóricas que determinan la percepción de la realidad, las explicaciones que se dan y el tipo de acciones que se proponen. Una cosmovisión encarna no sólo los juicios de valor con respecto a la deseabilidad de imágenes alternativas del futuro (metas y deseos), sino también las inferencias causales de cómo se manifiestan los diferentes futuros, y los estilos gerenciales o estrategias preferidas (controladoras, laissez-faire, etc.) Es importante, en la generación de modelos globales, explicitar lo mas posible la cosmovisión subyacente (y también en algunos casos usar cosmovisiones alternativas), porque el rol de las cosmovisiones y las ideologías se vuelve crítico debido a: (a) el conocimiento muy incompleto con respecto a las relaciones funcionales y sorpresas futuras; (b) la falta de marcos teóricos generalmente consensuados para explicar el funcionamiento del sistema mundial; y (c) el hecho de que los diferentes actores sociales tengan diferentes metas para el sistema global. Inevitablemente, la cosmovisión se refleja en los supuestos explicativos que se hacen, la selección de las variables críticas a ser incluidas en el modelo, las soluciones percibidas y las recomendaciones ofrecidas. Dado que el modelo World III se declaró explícitamente como una herramienta para la toma de decisiones, representaba una declaración política, además de científica. Lo mismo se puede decir para el MMLA; este último, sin embargo, tuvo esta intención en forma explícita y deliberada, mientras que el World III se solía presentar como un modelo objetivo, libre de valores, basado en "nuestro mejor y más actualizado conocimiento". Este fue un tema central que caracterizó al MMLA en tanto respuesta a World III y a la posición neomaltusiana que prevalecía en algunas esferas en ese momento. El Modelo Mundial Latinoamericano como respuestaEl MMLA fue una respuesta desde el Sur (me gustaría, aunque tal vez sería presuntuoso, decir "del Sur") a la posición ampliamente difundida -apoyada mayormente por el Norte- que atribuía el subdesarrollo, los problemas internacionales y la pobreza a la superpoblación de los países en vías de desarrollo. Nuestra crítica del World III como el primero de los modelos mundiales, debería leerse en dicho contexto. Nuestra crítica tenía una dimensión técnica, una filosófica y otra ética. Dado que el modelo fue presentado como una demostración científica de que los límites básicos al crecimiento en el futuro vislumbrable (primeras décadas del siglo XXI) tenían un carácter físico (y por lo tanto supuestamente bastante inflexibles), y que la única salida de este futuro catastrófico era a través de la reducción del crecimiento de la población y la estabilización de la producción industrial per cápita2, el equipo del MMLA llevó a cabo un análisis crítico de los supuestos y estructura del World III. Las críticas técnicas hechas por el equipo del MMLA se referían principalmente a los supuestos sobre las señales de escasez de los recursos naturales, la ausencia de procesos regenerativos (ej. la restauración de los ecosistemas y del suelo), el comportamiento fuertemente exponencial de las variables críticas (que conducía inexorablemente al rebasamiento explosivo), y la sensibilidad del World III a pequeñas variaciones simultáneas de los parámetros que podían alterar drásticamente las trayectorias proyectadas incluso dentro de la corrida estándar o del "todo sigue igual". Es importante aclarar que nunca negamos la posibilidad de límites físicos. Esto diferenció nuestra posición de la de las otros críticos del World III, algunos de los cuales se basaron en un optimismo tecnológico irrestricto y en el concepto de sustituibilidad infinita entre los factores de producción. Nuestro argumento era que, en el horizonte de tiempo considerado y a las escalas globales o regionales, los límites operacionales a la humanidad eran sociopolíticos y no físicos. Nuestro propio modelo incluía una desaceleración del crecimiento económico una vez que las necesidades básica eran satisfechas, e incorporaba la conservación y protección ambiental como costos de producción adicionales, conducentes a una sociedad intrínsecamente compatible con su medio ambiente y recursos naturales. Nosotros no postulamos un crecimiento material económico indefinido. Otras diferencias de interpretación que se pueden agrupar junto con los temas técnicos fueron las relaciones causales (implícitas o explícitas) consideradas. Un ejemplo claro fue la relación entre inequidad y demografía: mientras que Límites al Crecimiento había declarado explícitamente que las presiones demográficas llevaban a la inequidad en la distribución de los recursos para la gente (Meadows et al 1972), el MMLA adoptó la explicación opuesta, que la pobreza y la inequidad son los mayores propulsores del crecimiento poblacional. También decidimos distinguir el Sur y el Norte, por lo tanto subdividimos al mundo en tres regiones, tres de ellas en el Sur. La crítica filosófica / epistemológica se concentró principalmente en las afirmaciones de objetividad del World III. Esto fue reflejado en la declaración explícita del MMLA como un modelo normativo. "Cualquier pronostico de largo plazo sobre el desarrollo de la humanidad se funda en una visión del mundo basada en un sistema de valores y en una ideología concreta. Suponer que la estructura del mundo actual y el sistema de valores que la sustenta pueden ser proyectados sin cambios hacia el futuro no es una visión "objetiva" de la realidad, sino que implica también una toma de posición ideológica. Por eso, la diferencia que suele establecerse entre modelos proyectivos y los normativos a largo plazo es esencialmente falaz". "El modelo que aquí se presenta es explícitamente normativo; no se ocupa de predecir que ocurrirá si continúan las tendencias actuales de la humanidad, sino de señalar una manera de alcanzar la meta final de un mundo liberado del atraso y la miseria" (Herrera et al, 1976. Pág. 45 de esta edición) Ahora me resulta claro que usábamos el término "normativo" en dos sentidos diferentes. El primero se refería a los supuestos y la cosmovisión explícita (por ejemplo el MMLA) o implícita (todos los demás modelos) en los ejercicios de modelado. El segundo sentido estaba relacionado con lo que a veces se denomina "backcasting", es decir definir un estado futuro deseado del mundo y luego buscar trayectorias factibles para alcanzarlo. Este enfoque se contrasta con los enfoques presuntamente "extrapolativos" o "proyectivos" (que describe la trayectoria/as que seguirá el sistema "por sus propios medios"3. En este sentido, el MMLA fue el único modelo normativo (aunque también se lo corrió en modo proyectivo para el período desde 1960 a 1980 -el año en el que el modo normativo comenzó al operar el proceso de optimización). Finalmente, la crítica ética se focalizó en que mientras otros modelos globales se concentraron en la crisis que se cernía sobre el futuro, en ese momento la mayor parte de la humanidad ya vivía en un estado de pobreza y miseria. Para ellos, la crisis ya había llegado; ignorar ese hecho equivalía a aceptar el status quo y los valores centrales de la sociedad vigente y subordinar la necesidad de cambio a evitar una catástrofe futura que llevara la crisis al Norte. En este contexto, las políticas orientadas al estado de equilibrio global como se preconizaba en "Límites al Crecimiento" tenderían a asegurar que las injusticias actuales del sistema global se mantuvieran en los sistemas globales. El Modelo Mundial Latinoamericano como propuestaSobre la base de nuestro análisis, no aceptamos la posición (particularmente prevaleciente en el Norte) que acepta sin discusión los valores centrales de la sociedad actual, y (en algunos casos por eso mismo) sostiene que los problemas más fundamentales que enfrenta hoy la humanidad son los límites físicos. Nuestra posición fue radicalmente diferente: argumentamos que los mayores problemas que enfrenta la sociedad (global) no son físicos sino sociopolíticos (ver página 159 de esta edición). Nuestra propuesta no podía ser enteramente contenida en el modelo matemático porque algunas de sus características no eran formalizables de una manera apropiada. Distinguimos por lo tanto entre la sociedad propuesta (la sociedad futura deseable definida por una serie de atributos básicos) y el modelo de simulación matemática, que se usó esencialmente como un instrumento para explorar la viabilidad material de esa sociedad (y de la trayectoria que lleva a ella), una especie de análisis de factibilidad material/económica. Nuestro modelo conceptual de la sociedad "ideal" estaba basado en la premisa que sólo a través de cambios radicales en la organización social e internacional mundial la humanidad puede liberarse finalmente del subdesarrollo y la opresión. Según nuestra visión, los siguientes elementos eran los básicos para cualquier sociedad deseable: a) equidad a todas las escalas. Un principio básico reconocía que cada ser humano, simplemente por existir, tiene derechos inalienables a la satisfacción de sus necesidades básicas -nutrición, vivienda, salud, educación- que son esenciales para la incorporación completa y activa a su cultura4. b) no consumismo, entendido como que el consumo no es un fin en sí mismo; la producción está determinada por las necesidades sociales en lugar de la ganancia, y la estructura y crecimiento de la economía están estructuradas para constituir una sociedad intrínsicamente compatible con el medio ambiente. c) El reconocimiento de que las necesidades sociales -más allá de las más básicasse pueden definir de diferentes maneras en diferentes momentos por diferentes culturas y por diferentes formas de organización societal. Asignamos la más alta prioridad a la participación de los miembros de la sociedad en las decisiones, tanto como un fin en sí mismo como un mecanismo principal para establecer la legitimidad de las necesidades en la nueva sociedad. El concepto de propiedad privada de los medios de producción fue reemplazado por conceptos más universales de uso y manejo de los medios de producción. Cómo gestionarlos se decidiría y organizaría a través de los mismos procesos de discusión que regularían todas las demás actividades sociales. Dentro de este marco conceptual, muchas formas diferentes de gestión y administración de la propiedad -según las tradiciones, características culturales y la organización social, son posibles. En este sentido, la propuesta era socialista mas que capitalista, aunque el énfasis central en la participación democrática en la sociedad ideal distinguía netamente nuestra propuesta de los estados socialistas entonces existentes. La misma propuesta, si se hubiera formulado en el período histórico actual, indudablemente se hubiera calificado de pos-capitalista, y hubiera enfatizado la autoorganización y la descentralización como elementos básicos. Esas características pudieron ser reflejadas sólo parcialmente en el modelo mate-mático. Se introdujo la igualdad en el proceso de optimización (aunque también se hicieron corridas alternativas del modelo para evaluar el impacto de mantener la actual distribución desigual de ingresos sobre la viabilidad de obtener los objetivos en cada una de las cuatro regiones). La política se definió explícitamente a través de la asignación anual de capital y trabajo por medio del proceso de optimización no lineal, y se variaba de acuerdo a los valores actualizados de las variables relevantes; el objetivo era maximizar la expectativa de vida al nacer (un indicador de las satisfacción de las necesidades básicas) sujeto a un conjunto de limitaciones temporales. El uso de la expectativa de vida al nacer (en lugar del PBI) permanece como una característica distintiva del MMLA. Retrospectivamente, y considerando las décadas que siguieron, se puede decir que nuestro modelo, y propuesta, fueron los esfuerzos más idealistas dentro de la primera ola de modelos globales. El llamado a la solidaridad global, para una sociedad equitativa y participativa (un llamado en que éramos una entre muchas voces) continúa sin repuesta. Nuestro modelo, sin embargo, tuvo un impacto sobre el debate global; logró captar el interés activo de las Naciones Unidas, particularmente la Organización Mundial del Trabajo y la UNESCO, y también se usó en algunos países en vías de desarrollo (Egipto y Brasil). En muchos sentidos, hay menos señales de esperanza para un mejor orden social internacional ahora que en los años ′70, a pesar del fin de la guerra fría, el notable progreso tecnológico y económico y un PBI global sin precedentes de mas de 30 trillones de dólares. Avances y retrocesosVarios autores han señalado que luego de una "década dorada" de estudios globales de largo plazo en los años ′70, hubo un retraimiento claro durante los años ′80, incluyendo la disolución de muchos de los grupos de investigación que los habían producido. Algunos lo atribuyen a una desilusión generalizada acerca de la planificación, y al pobre desempeño predictivo mostrado por aquellos estudios (Central Planning Bureau 1994, p.34). Steenbergen (1994) aunque considera esta posibilidad, también sugiere la explicación alternativa de un cambio en el "humor del momento" general asociado a los años ′80 defindos por él como la década de la "revolución conservadora". La última explicación también la proponen Burrows et al (1991, p.297). En los años ′90 pareció haber un interés renovado en los estudios globales de largo plazo. Steenbergen (1994) escribió un análisis interesante de las similitudes y diferencias principales entre los estudios pertenecientes a las dos olas5. Intenté resumir su análisis en la Tabla 1 donde están indicados corrimientos significativos en términos de cosmovisiones, valores, ideologías, temas candentes y, por último, el tema de la equidad global. Es interesante que a pesar de los enormes avances en las tecnologías de información, la metodología modelística no aparece como una diferencia determinante. Desde el punto de vista del Sur, y de hecho de la solidaridad en general, la nueva ola representa un claro retroceso. Como dice Steenbergen (1994, p.50): "Esta falta de interés de Occidente por el mundo menos desarrollado tiene que ver con un cambio general en el clima cultural occidental, que se puede describir como un decreciente interés y solidaridad con los menos privilegiados, tanto internamente (el apoyo decreciente al estado de bienestar) como externamente (las naciones pobres). El Occidente parece estar primariamente interesado en los exitosos, en los que "llegaron" (países, personas, etc.) y ya no se interesa por lo que Attali ha llamado "los perdedores del próximo milenio". Mirando hacia el futuro (nuevamente)La situación actual con respecto a las perspectivas futuras es -tal como en los años ′70- un tanto surrealista sino esquizofrénica. El mismo camino que ha sido designado oficialmente como insustentable en 1992 por unos 100 mandatarios en la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro es proclamado como un ascenso triunfal por el Banco Mundial y otras organizaciones financieras internacionales. Por un lado, parece existir una creencia general 'oficial' en un único futuro global con variaciones marginales que giran alrededor de un tema central, y la mayoría de las discusiones sobre el futuro a largo plazo se centran en temas de competividad económica y ganancias financieras. Las necesidades de las personas y su desarrollo parecen haberse convertido en no-temas. Por el otro lado, los indicadores de posibilidad de rupturas en la trayectoria histórica se están documentando cada vez más, como lo demuestran, por ejemplo, las tendencias ambientales negativas analizadas por el Programa de las Naciones Uni-
das para el Medio Ambiente (UNEP 1999) y los informes de desigualdad creciente entre y dentro de los países elaborados por el Programa de Desarrollo de Naciones Unidas (PNUD 1992, 1999). Un avance significativo con respecto a nuestra comprensión del predicamento humano y nuestra capacidad de predecir el futuro es la emergencia de los estudios sobre la complejidad y los sistemas complejos, auto organización y caos, sugiriendo que la incertidumbre y la impredictibilidad pueden ser inherentes al tejido de la realidad. Llama a la humildad recordar que lo que ahora se consideran los dos problemas ambientales verdaderamente globales mas visibles, como son el cambio climático global y el adelgazamiento de la capa de ozono, no fueron anticipados por ninguno de los modelos globales. El cambio climático global en particular resulta de las interacciones altamente complejas entre las escalas del espacio y el tiempo, y entre las acciones humanas y los procesos naturales. Pero la complejidad no está aumentando solo en términos de nuestra comprensión; existen buenas razones para creer que la complejidad de la realidad física también esta aumentando. Esta complejización del mundo real surge de varias fuentes, todas señalando que el sistema global está inmerso en un periodo de turbulencias y cambios estructurales profundos que pueden llevar a futuros alternativos, cualitativamente diferentes. Esto está asociado, por ejemplo, a la emergencia y despliegue de grandes procesos como la revolución tecno-económica, el quiebre político del mundo bipolar, el tipo y nivel sin precedentes del cambio ambiental, y la rápida globalización económica. Esos cambios están creando nuevas oportunidades pero también nuevos desafíos y amenazas, transformando no solo la estructura de producción sino también la naturaleza misma del trabajo, como también el tipo e importancia de las ventajas comparativas, incluyendo ventajas de base ecológica (Gallopín 1992). La revolución informática está propulsada por avances tecnológicos alucinantes, acelerando el comercio mundial y la expansión de políticas de libre mercado, empero esa misma revolución está creando una nueva división de trabajo con consecuencias de largo alcance para las fortunas de países e individuos. La Comisión Internacional de Gobernabilidad Global advierte que la globalización esta en peligro de ensanchar la brecha entre los ricos y pobres (Dale, 1995). Otros análisis demuestran que éste no es un mero peligro sino que la brecha ya está aumentando entre y dentro de los países (UNDP 1992, Gallopín 1994). Bajo estas condiciones la única certeza puede ser que todo cambiará mucho y que la trayectoria mundial futura NO será una proyección de las tendencias pasadas. El aumento de complejidad y conectividad (especialmente la conectividad no evolucionada ni planeada) puede llevar -como indican muchos resultados provenientes de distintas áreas- a disminuir la estabilidad y aumentar la vulnerabilidad, y a aumentar agudamente los costos del error. En este contexto, puede ser más útil tratar de identificar los posibles "puntos de quiebre" y las trayectorias futuras cualitativamente diferentes que intentar refinar nuestra descripción de "la" trayectoria. Esto es lo que motivó a un grupo de personas a aplicar el enfoque de escenarios para explorar las posibilidades del futuro. Reconociendo la inevitabilidad de imponer una cosmovisión en el análisis, nosotros intentamos mitigar el problema teniendo diversas cosmovisiones deliberadamente representadas en el grupo. El grupo (llamado el Global Scenario Group) tiene miembros del Norte y Sur, Este y Oeste. Nuestro análisis (Gallopín et al. 1997, Gallopín y Raskin 1998, Raskin et al. 1998) nos ha convencido de que: 1. Existen escenarios alternativos, cualitativamente diferentes, para el sistema global en los próximos 30-50 años. 2. Algunos escenarios implican un despliegue gradual a partir de la situación presente, sin rupturas o discontinuidades. Estos los agrupamos bajo los Mundos Convencionales, distinguiendo el escenario de Referencia (es decir "todo sigue igual" y escenario de Reformista (un escenario en el que se implementan fuertes políticas de sostenibilidad, pero se supone la continuidad en las instituciones y los valores predominantes, así como el crecimiento económico rápido y la convergencia global a los estándares del Norte. 3. Sin embargo, otros escenarios, igualmente o aún más probables, son posibles, como los escenarios de Barbarización (sea una Degradación generalizada de la civilización o un Mundo-Fortaleza dentro de un planeta polarizado compuesto los grupos y países de la élite, y una mayoría empobrecida y excluida). Estos escenarios implican una ruptura con las tendencias históricas y un deterioro de las instituciones y la economía. Los escenarios positivos incluyen el Nuevo Paradigma de Sustentabilidad (una civilización global sustentable, humana y justa) y el Ecocomunalismo (un escenario "lo pequeño-es-bonito", esencialmente localista). Ambos requieren cambios fundamentales en los valores sociales y nuevos arreglos socio-económicos. 4. En la actualidad, la mayoría que las discusiones de política se enfocan sobre alguna forma de escenario de Mundos Convencionales; éstos, sin embargo, no están de ninguna manera garantizados; el escenario de Referencia es claramente insustentable, y aún las fuertes políticas implementadas en el escenario Reformista pueden no alcanzar para afrontar los inmensos desafíos, a menos que también se produzcan cambios en estilos de vida y valores. Mirando el MMLA a la luz del tiempo transcurrido, y con el beneficio del conocimiento actual, creo que el mensaje central del modelo todavía es válido: hay un camino viable hacia un futuro sustentable y deseable, pero este requiere casi seguramente de cambios institucionales fundamentales y de una transformación del sistema de valores hoy predominante. Las estrategias del "todo sigue igual" llevarán a un sufrimiento humano innecesario y extendido y a la insustentabilidad ambiental. Las tendencias actuales no son alentadoras (se podría incluso argumentar que, al menos en términos de equidad-, el mundo se ha movido desde los años 70 en la dirección del escenario de Mundo-Fortaleza). El reciente análisis por el Grupo de Escenarios Globales también resalta uno de los mensajes importantes del MMLA: no existen soluciones separadas, una para el Norte y una para el Sur; o encontramos una solución global o no habrá ninguna solución. Notas1. Este artículo está dedicado a Amílcar O. Herrera, el "padre" del MMLA, un amigo e inspiración, y además una de las pocas mentes verdaderamente planetarias que he tenido el privilegio de conocer. Traducido, con algunas modificaciones, de mi trabajo "The Latin American World Model (a.k.a. The Bariloche Model): Three Decades Ago", en Futures 33 (2001): 77-88 2. Claramente, el problema político que acarreaban este diagnóstico y recomendaciones para el Sur era que se pudieran usar para justificar las propuestas para detener el crecimiento de la población en el Sur (y algunos hasta abogaron por el uso de la fuerza si fuera necesario) y para mantener las disparidades de ingresos entre Sur y Norte. 3. Por supuesto, la realidad del sistema global "por sus propios medios" está abierta a la discusión, particularmente cuando muchas de las variables y mecanismos sociales más críticos están excluidos de las ecuaciones dada la falta de conocimiento de las relaciones causales. 4. Aquellas necesidades fueron designadas como básicas porque al menos que se satisfagan todas, es imposible participar activamente y con dignidad en el mundo humano. Estas necesidades son invariables ya que son comunes a todos los miembros de la especie, independientemente de cultura, origen, raza, sexo, etc. 5. Steenbergen define los modelos globales como incluyendo no solamente modelos matemáticos de simulación sino también los estudios cualitativos de futuros a largo plazo. Referencias citadasBurrows, B.; A. Mayne and P. Newbury. 1991. Into the 21st Century. A Handbook for a Sustainable Future. Adamantine Press, Twickenham, England. Carson, R. 1962. "Silent Spring". Houghton Mifflin, New York. Central Planning Bureau. 1994. "Scanning the Future. A long-term scenario study of the world economy 1990-2015"; SDU Publishers, The Hague. Dag Hammarskjöld Foundation. 1975. What Now. Another Development". The 1975 Dag Hammarskjöld Report on Development and International Cooperation" Development Dialogue: 1/2. Dale, R. 1995. "Global Agenda. Toward the Millenium. The economic revolution has begun". Time 145(10); March 13, 1995; pp. 35-38. Gallopín, G., A. Hammond, P. Raskin and R. Swart. 1997. "Branch Points: Global Scenarios and Human Choice". 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